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En.Piezas 2011 en La Casa Encendida

Acudo ayer a una de las sesiones de cortos programadas dentro del festival En.Piezas, certamen que organiza anualmente la Casa Encendida, que espiga audiovisuales de creadores emergentes (y no tanto) que se apartan ligeramente del cortometraje más ortodoxo.

De la sesión a la que he acudido, y a falta de poder ver los lunes del mes de mayo los ganadores del festival, destaco, en primer lugar:

Consejos: de Mario Cuesta Hernando. Corto documental que recoge, mediante “cámara oculta y sin ninguna ética” -como se confiesa al final del corto- los consejos que los padres del director le ofrecen tras ser despedido de su labor como guionista en una serie de televisión. Grabado en dos planos, casi plano-contraplano de la madre y el padre, el corto aborda, mediante las opiniones de terceros, los problemas del protagonista: la inestabilidad laboral, la dificultad para aceptar la autoridad, el talento para la profesión, la vocación, el factor de la edad en la búsqueda de trabajo o la precaria situación económica de los jóvenes. Asuntos que afectan a toda una generación de treintañeros y en especial a los que se dedican a profesiones artísticas, que conllevan serios problemas de subsistencia (en el caso del corto, el oficio de guionista). A pesar de la ventaja con la que juega el director en la puesta en escena -se queda callado, dejando hablar a los padres, en una posición que podría parecer “cómoda” sobre aquéllos que se están involuntariamente exponiendo-, el cortometraje resulta sosegadamente autocrítico y divertidamente certero.

Mi rostro es de brea, mi alma viscosa: de Fernando Gómez Luna. Videopsicofonía kitsch o electrotrash delirante. Se aceptan etiquetas, aunque no las necesite. Pajadera personal liberadora, de código propio y ánimo exorcista. Vean.

http://www.obrasocialcajamadrid.es/visor/0,0,98427_400975_0$P1=823,00.html

3,2 (Lo que hacen las novias): de Javier Linares. Parecía un corto “más” al arrancar. Un corto de los que huelen a corto, es decir, en donde el cine no termina de emerger y causa esa constante incomodidad a pesar de los esfuerzos que llegan desde la pantalla. Pero 3,2 pronto demuestra una notable capacidad para la narración bien hilvanada, bien protagonizada y dialogada. Los actores, aunque irregulares a veces, están entregados al proyecto y se nota: consiguen trasladar el poderoso dolor emocional que atraviesa a todos los personajes e impregna la atmósfera de la propuesta. Sobran algunos jumpcuts, que ensucian una puesta en escena, por lo demás, sobria, pero el corto se diferencia de los cortometrajes españoles al uso tanto por la calidad de sus emociones como por su compromiso con lo cinematográfico.

Migrópolis: de Karolina Villaraga. Cortometraje de animación documental. Entrevistas a niños inmigrantes que son presentadas en una animación que mezcla 3d y 2d, con la voz original de los protagonistas. Divertido, fantasioso y naíf. Difícil resistirse a este tipo de propuestas.

Interesantes también Hombre máquina, de Roser Corellá y De testigo, las olas, de Lluvia Darocas, austera propuesta que combina retratos mudos de inmigrantes africanos con textos escritos sobre su viaje desde sus países de origen hasta España. Quizás los textos resultan demasiado parecidos unos con otros, igualando en exceso a los personajes, pero la propuesta, silenciosa, minimalista y sintetizada es suficientemente sugerente.

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