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iSupr8: transform your films into memories.

Por sólo 2$ se puede adquirir el iSupr8, aplicación para iPhone que dota de aspecto superochero a los vídeos grabados con este teléfono. Efecto parecido ofrece la aplicación 8mm Vintage Camera, que aplica textura, aspecto y definición del tipo de las viejas cámaras de S8.

Lo cierto es que ambas aplicaciones dan resultados bastante buenos: hace falta un ojo entrenado para distinguir, en según qué planos, un Súper8 real de uno transformado por el iSupr8, si bien en otros, canta como un gallo en domingo el Hd ensuciado con filtros de “época”.

*iSupr8

*8mm Vintage Camera

En la entrevista que precede a este post, Laboratorium comentaba que a ellos les parecía ridículo filmar con la máxima definición para luego rematar la faena con un efecto cine. Si quieres efecto cine, filma en cine, añadían, ¿qué no tienes dinero? Súper8.

Lo cierto es que, no sé si ridícula, pero sí resulta un tanto siniestra la transformación de la apariencia de la imagen digital en analógica, acompañada además de todo lujo de detalles en el interface de la aplicación, que en el caso del iSupr8 emula hasta la textura de piel de las cámaras de Súper8.

Creo que lo siniestro reside en esa imitación de lo real que resulta -sin ser “real”- tan perfecta, que causa estupor y una ligera, casi imperceptible, grima. Combinada, sin duda, con cierta fascinación por el poder ¿absolutista? de la tecnología actual.

Asistimos al dominio arrasador de lo digital, que no solo es capaz de escalar puestos hacia la imagen ultranítida, sino de girar la vista atrás y absorber -estéticamente hablando- el pasado de un plumazo, con solo tres toques de dedo sobre el iPhone.

Se pierde el proceso: la filmación, el revelado, la proyección, el contacto físico con la película… De la ecuación cinematográfica que transforma la realidad en cine, cae el largo, viejo y químico proceso del celuloide, y sin embargo, como reza el slogan del iSupr8 es posible convertir el presente en pasado, las imágenes en “recuerdos”, de forma instantánea.

No pretende este post ser un alegato nostálgico en pro del purismo superochero, no se trata de eso. En primer lugar porque, bien entendidas, estas aplicaciones tienen una finalidad práctica, alejada de las coherencias artísticas o los procesos creativos, y en segundo, porque gran parte de los usuarios que pueda adquirirlas no son usuarios ni habituales ni ocasionales de Súper8, lo que convierte la elección virtual entre ambos procedimientos en inexistente.

Tiempo y dinero del proceso + peso de las cámaras, juegan a favor del iPhone y sus nuevas aplicaciones: el Súper8 es lento, caro y las cámaras, aunque ligeras para su época, son hoy algo pesadas. Algunos de los elementos limitantes y azarosos que posee el Súper8 son sin duda parte de su seductor influjo, genuino por encima de imitaciones, pero poco atractivos para quienes quieren, simplemente, grabar con su teléfono imágenes de sus vacaciones y dotarlas de un aire retro.

Lo que me pregunto es por la necesidad de ello: nuestras películas domésticas actuales son en vídeo y, cada vez con más frecuencia, en HD, igual que las de hace tres y cuatro décadas eran en Super8. Creo que por entonces, a los cineastas amateurs, no les surgía la necesidad de hacer parecer sus películas más antiguas de lo que eran, imitar con el Súper8 la estética de las películas mudas, por poner un ejemplo.

¿Por qué, entonces, la necesidad de convertir lo nuevo en viejo, las imágenes propias en imágenes antiguas, que parecen incluso tomadas por otros en lugar de nosotros mismos? Algo en esa transformación convierte las imágenes en fetiches -instantáneos-, que terminan por tener el mismo valor decorativo que un complemento de moda vintage.

Hay un poso de arrogancia tecnológica, de poderío colectivo y soterrado en estas operaciones: la mera posibilidad resulta tan fuerte, tan arrasadora con los procesos rudimentarios y “desfasados”, que su puesta en práctica es más un signo de capacidad que otra cosa; más un signo de futuro -de estar en consonancia con el nervio del presente y el porvenir- que -irónicamente- con el pasado emulado.