Film Socialisme: catedral volante

Film Socialisme, esa meca de la crítica cinematográfica de finales de 2010 y principios de 2011, ha aterrizado como una catedral volante en el escenario fílmico para reavivar ciertos debates sobre las fronteras del cine, la identidad del cine ensayo y los caminos de la experimentación -experimentada-. Godard ha hecho eclosión, y con él su figura y su desfiguración, obrada por la mitificación claroscura que envuelve su persona.

Ver Film Socialisme es una experiencia limítrofe, heterodoxa y desafiante, que desde luego invoca de forma natural preguntas como qué es el cine o qué puede ser. Pero Film Socialisme es también una experiencia abrumadora, extenuante y profundamente confusa.

Al hermetismo del desarrollo -legítimo, pero estanco- hay que sumarle la reconcentración de las estrategias godardianas en una síntesis estratosférica, más  la formolización de una puesta en escena y una técnica de representación y diálogo anquilosadas en lo que podría verse como un soliloquio venido de otras épocas, posiblemente mejores. Ese olor a formas revenidas, propicia además el desequilibrio entre trascendencia -pretendida- y ridículo -conseguido-, que culmina en esa escena en la que una mujer, sentada en el baño, mueve su mano al ritmo de la música como si estuviera bajo los efectos de un chute de afectación. También el sentido del humor de Film Socialisme resulta lejano y algo rancio: las revoluciones cinematográficas del pasado perviven en forma de gestos caricaturescos de una manera muy inquietante.

No así algunas de sus imágenes: el niño abrazando a la madre en la cocina, los rostros en el barco, en HD, el pasaje del crucero bailando al ritmo de la compresión de la imagen de un teléfono móvil. Me hubiera gustado ver Film Socialisme muda, sin voz, sin texto, sólo con la pureza de sus imágenes y sus interesantes hibridaciones de soportes. Pero es otro el juego que aquí se propone, no cabe duda.

Para acometer la operación del análisis, Godard dicta sentencia sobre el estado de Europa a través de una película que parece tan anquilosada como el continente examinado, una suerte de zapping intelectual y metalingüístico de aspiraciones concéntricas. ¿Galimatías o cripotgrama, como dijo de ella Jordi Costa? ¿Fascinante o tal vez sonrojante?… Bien es cierto que en el cine ensayístico entra en juego el bagaje cultural del espectador para conectar con las ideas y la forma de exponerlas, pero también, e igualmente importante, la habilidad del auteur para poner cinco palabras juntas y formar una frase sin dar lugar a una cacofonía. La radicalidad formal y conceptual con que construye Godard su propuesta me recuerdan, en una analogía algo inquietante, a la radicalidad esgrimida por mi abuela a la hora de defender la cebolla en la tortilla de patatas.

Ojalá esta fuera una tortilla-ensayo a la que poder hincarle el diente, sabores amargos y ácidos incluidos. Pero se parece más a un pescado resbaladizo que se escapa constantemente de las manos y que termina por resultar ajeno, indiferente y cosificado. Film Socialisme podría ser algo tan literal y utilitario como un jarrón, una caja de zapatos o un balón de fútbol, listo para ser chutado hacia el cielo, de donde ya vino en forma de catedral volante y a donde creo que regresará, para ocupar la cotizada y sobredemandada parcela de la posteridad.

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