Copia Certificada

Además de Te querré siempre, de Roberto Rossellini y  Antes del atardecer, de Richard Linklater, Copia Certificada ha traído a mi memoria una de las películas sobre parejas en crisis con más aciago sentido de la disección que recuerdo: Un couple parfait, firmada por otro extranjero aventurándose en una producción europea, el japonés Nobuhiro Suwa. En esa ocasión su actriz, también a la altura, era Valeria Bruni Tedeschi, que trataba de lidiar con la indolencia aburguesada de su partenaire y con la descomposición de los afectos en el núcleo de pareja.

Copia Certificada ahonda en ese cine de parejas europeo –aunque firmado por japonenes, iraníes o norteamericanos- amargo y certero. Y lo hace proponiendo un curioso juego de resonancias entre el mundo de las relaciones de pareja y el mundo del arte a través de los conceptos del original y la copia, de la extraña autenticidad de lo falso y la desconcertante falsedad de lo auténtico. Kiarostami hace una apuesta curiosa y arriesgada en la que nos impide saber si la pareja formada por Binoche y William Shimell son dos desconocidos jugando a ser un matrimonio o si son realmente un matrimonio ensayando un cortejo elegante antes de meterse en la faena sucia del tú a tú.

No he seguido todo el cine de Kiarostami (he deambulado entre olivos, cerezas y apuestas al cinco) pero sé de su afición a los sutiles juegos metalingüísticos. La película, ciertamente, conjuga el juego conceptual con una intimidad escurridiza y se presta a una considerable cantidad de lecturas sobre el cine, el arte y más en general la representación: de la realidad (la película) o de uno mismo (la pareja), en una construcción de matrioskas  que parece reproducirse exponencialmente. Aunque el juego es interesante y da que hablar, la película podría funcionar perfectamente sin nada de todo eso -es muy posible incluso, que no le hiciera falta-, a costa de parecer una película más sobre parejas en crisis sin una vuelta de tuerca que añadir al género.

A pesar de las apariencias, que como la película reafirma engañan, Copia Certificada se sobra y se basta con su depurada trama dramática que narra los entresijos de esta ¿hipotética? relación entre un hombre frío, independiente, egoísta, entregado a su trabajo, y una mujer que sufre la imposibilidad de formular demandas ante una situación desigual respecto al sacrificio en la pareja. Roles y actitudes que me llevan de nuevo a la película de Nobuhiro Suwa, en donde igual que aquí, sólo la mujer a través de la emoción es capaz de romper con una realidad asentada pero no acordada.

Aquella vez era Valeria Bruni Tedeschi, esta vez es Juliette Binoche quien tiene la capacidad de hipnotizarnos sobre su rostro, un paisaje emocional y un espejo del mundo que Kiarostami ofrece como reflejo transparente y construido de la realidad en el que se mezclan, con una harmonía incluso inquietante, tanto las ideas como las emociones, los tiempos y el constante flujo entre el interior y la máscara. Kiarostami filma los rostros de los actores como deltas que recogen la realidad, que existe en la película de una forma casi paralela. La ciudad, el otro y uno mismo; el fuera de campo; el interior del cuadro; todo es vivido a través de la gestualidad de un rostro.

La puesta en escena y, hay que mencionarlo, el vestido de sensualidad italiana-francesa (muy simbólico el vestuario, y muy acertado) que luce Juliette Binoche durante toda la película, dan un brillo especial a una propuesta que emana una luz delicada e intensa.

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